¿Conoces el cuento de Caperucita, el Lobo y la Abuela?

Pues olvídalo.

Érase una vez...

no borrar

… una abuela tan cañera y atrevida que era conocida como La Abuela Feroz. Un día, la abuela puso a enfriar su famoso bizcocho de chocolate, una receta artesanal que había pasado de generación en generación. Mientras tanto, aprovechó para hacer su clase online de FitPilates...

no borrar

Entonces, el Lobo, que trabajaba de crítico gastronómico, se asomó por la ventana, vió el bizcocho y no se pudo resistir. De trozo en trozo, se lo zampó casi todo. Después fue a tumbarse un poco porque, desde que no comía humanos, tenía muy mala digestión.

no borrar

Al llegar Caperucita, ésta pensó que la abuela había guardado la última porción del bizcocho para ella. Así que hizo postureo con el plato y después se lo comió. Ya os podéis imaginar cómo se quedó la Abuela Feroz cuando, después de haber sudado la gota gorda en FitPilates, se encontró el plato vacío y sin ni una migaja del bizcocho.

no borrar

¡Estos zampabollos se van a enterar!”, dijo la abuela. Pero, lejos de enfadarse, se encerró en la cocina durante mucho, mucho tiempo, entre olores riquísimos y clings y clongs de utensilios.

no borrar

Así ella tendría más tiempo para sus otros hobbies, y el Lobo, Caperucita y todos los amantes de la cocina podrían disfrutar de sus recetas artesanas de forma sencilla. Y ¡pasarlo en grande cocinando!

no borrar

De modo que los tres personajes prepararon juntos un nuevo bizcocho. Caperucita sacó un licor de su cesta, el Lobo adornó la mesa con unas flores encontradas por el camino y la abuela les invitó a merendar... de nuevo.
Y fueron felices y cambiaron las perdices por los preparados de panadería y pastelería de La Abuela Feroz.

Érase
una vez...

… una abuela tan cañera y atrevida que era conocida como La Abuela Feroz. Un día, la abuela puso a enfriar su famoso bizcocho de chocolate, una receta artesanal que había pasado de generación en generación. Mientras tanto, aprovechó para hacer su clase online de FitPilates…

Entonces, el Lobo, que trabajaba de crítico gastronómico, se asomó por la ventana, vió el bizcocho y no se pudo resistir. De trozo en trozo, se lo zampó casi todo. Después fue a tumbarse un poco porque, desde que no comía humanos, tenía muy mala digestión.

Al llegar Caperucita, ésta pensó que la abuela había guardado la última porción del bizcocho para ella. Así que hizo postureo con el plato y después se lo comió. Ya os podéis imaginar cómo se quedó la Abuela Feroz cuando, después de haber sudado la gota gorda en FitPilates, se encontró el plato vacío y sin ni una migaja del bizcocho.

“¡Estos zampabollos se van a enterar!”, dijo la abuela. Pero, lejos de enfadarse, se encerró en la cocina durante mucho, mucho tiempo, entre olores riquísimos y clings y clongs de utensilios.

Así ella tendría más tiempo para sus otros hobbies, y el Lobo, Caperucita y todos los amantes de la cocina podrían disfrutar de sus recetas artesanas de forma sencilla. Y ¡pasarlo en grande cocinando!

De modo que los tres personajes prepararon juntos un nuevo bizcocho. Caperucita sacó un licor de su cesta, el Lobo adornó la mesa con unas flores encontradas por el camino y la abuela les invitó a merendar… de nuevo.

Y fueron felices y cambiaron las perdices por los preparados de panadería y pastelería de La Abuela Feroz.

Los tiempos cambian.

La historia y los personajes también.

Además de ser una gran cocinera, la abuela también disfruta practicando FitPilates, posteando en las redes sociales, tomándose el brunch con sus amigas y haciendo mil actividades más.

Por eso, ha dejado todas las instrucciones e ingredientes para que Caperucita y el Lobo puedan preparar sus panes y bizcochos de manera sencilla y divertida.

Harto de ser siempre el malo del cuento, el Lobo decidió aprovechar su apetito y sus grandes orejas, ojos, nariz y dientes para convertirse en un crítico gastronómico de vanguardia.

Es un depredador de últimas tendencias único en su especie. En su tiempo libre, le encanta que su cocina se inunde del olor a panes y pasteles recién hechos.

Caperucita ya no se pierde por el camino. Es una mujer independiente, deportista, amante de la vida sana y, gracias a su abuela, toda una influencer de la cocina tradicional y lo artesano.

No hay día que no cuelgue una receta en Instagram, desde los panes y pasteles clásicos hasta sus creaciones innovadoras. ¡Le encanta hacer experimentos en la cocina y subirlos a TikTok!